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martes, 10 de julio de 2012

AIKIDO, VENCER SIN COMBATIR.

“Aquel que ha dominado el arte no utiliza el sable,
y el adversario se mata a si mismo”
                                                   TAJIMA NO KAM

Los grandes Maestros no han dejado de repetir que “la maestría más alta es vencer sin combatir”. Consideraban que su arte no debía servir para matar, sino para proteger la vida.
   ¿Qué había para ellos más fácil que utilizar su aplastante superioridad contra un agresor?. Mientras que desembarazarse de un atacante sin herirlo, sin que ni siquiera haya un combate es una verdadera proeza. Y, después, de todo, la verdadera eficacia consiste en desalentar o en conciliarse con el eventual adversario ya que como dice un proverbio chino, “un enemigo que vences sigue siendo tu enemigo. Un enemigo que convences se convierte en tu amigo”.
     Vencer sin combatir no está al alcance de cualquiera. “Un hombre ordinario desenvainará su sable si se siente ridiculizado y arriesgará su vida, pero no será considerado como un hombre valiente. Un hombre superior no es turbado ni por las situaciones más inesperadas, ya que tiene una gran alma y una gran meta”, decía a menudo Funakoshi Gishin. Aquel que no pueda dominarse frente a un peligro corre el riesgo de volverse agresivo y reaccionar violentamente. De esta manera entre en el juego del adversario. A veces, puede creer incluso que está amenazado cuando en realidad no sucede nada. Mientras que el que conserva el dominio de sí en todas las situaciones puede enfrentarse con toda lucidez, con todos sus miedos. Reaccionar violentamente es una solución fácil. Permanecer tranquilo es signo de fortaleza. Es lo que expresa Lao Tsé en una de sus sentencias famosas del Tao Te King: “Imponer su voluntad a los demás es una demostración de fuerza ordinaria. Imponérsela a sí mismo es un testimonio de verdadero poder”.
Morihei Ueshiba Sensei, creador del Aikido
     Si, a pesar de él, un Maestro es arrastrado a un combate, a veces consigue paralizar a su adversario sin combatir verdaderamente. La esencia de las artes marciales japonesas es profundamente no-violenta. De hecho se basa sobre el principio de la no-resistencia que consiste en utilizar el ataque del adversario para llevarlo a su propia pérdida. El que se defiende, en lugar de bloquear los movimientos adversos, los esquiva y los canaliza de manera que se vuelvan contra su agresor. Si el adversario empuja, es suficiente esquivarlo o tirar de él para que caiga por él mismo. Si él tira, hay que empujarlo. Contra más fuerte sea el ataque, más potente será el choque devuelta. El principio de la no-resistencia conduce al atacante a convertirse en la víctima de su propio ataque y a recoger los frutos de sus malas intenciones. ¿Qué hay de más justo?
     El verdadero arte marcial, o según la etimología oriental, el “arte de detener la lanza”, es una excelente puesta en práctica de lo que las enseñanzas taoístas o Zen llaman el wu-wei. Generalmente traducido por “no-acción”, el wu-wei significa más exactamente: dejar actuar, dejar hacer, actuar sin intervenir, sin resistir. Una imagen taoísta lo explica así: “El principio del wu-wei mueve las cosas. La rueda gira simplemente porque el aje no se mueve”.
En la tradición oriental el agua es el elemento natural que mejor simboliza el wu-wei, la no-resistencia:
                 “El agua no se opone a nada,
                  Y de esta manera nada puede enfrentarse a ella
                 “El agua cede al cuchillo sin ser cortada.
                  Es invulnerable ya que no muestra resistencia”.

Extraído del libro “El blanco invisible” de Pascal Faulliot

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